Uno de mis mejores maestros fue un hombre al que conocí hace muchos años en el paseo maritimo de Coney Island. Era diciembre, y yo estaba escribiendo un reportaje sobre las penurias de los sin techo durante los meses de invierno. Estábamos los dos sentados al borde de los tablones de madera, balanceando los pies en el aire, y él me habló de su rutina diaria, de cómo se las apañaba vagabundeando por el bulevar cuando ya no quedaba rastro de las hordas de veraneantes, durmiendo en una iglesia cuado la temperatura llegaba bajo cero, escondiéndose de la policía entre la montaña rusa y los autos de choque y otras atracciones del verano.
Pero me contó que la mayor parte del tiemp lo pasaba en el paseo maritimo de madera, contemplando el mar, como estábamos en ese momento, incluso cuando empezaba a hacer frio y tenia que taparse con los periódicos después de haberlos leido. Yo le pregunté por qué lo hacía. ¿Por qué no se acercaba al hospital para una cura de desintoxicación?
Se quedó mirando el océano, fijamente, y dijo: <<Mire qué vistas, señorita. Mire qué vistas>>.
Y cada dia, de alguna manera, trato de hacer lo que me dijo. Trato de mirar las vistas. Eso es todo. Palabras sabias de un hombre sin una moneda en el bolsillo, sin un lugar adonde ir, sin un sitio donde vivir. Mirar las vistas. cuando hago lo que me dijo, lo que veo nunca me defrauda.
Anna Quindlen.
<<La vida está hecha de momentos, trocitos de mica en un estrecho y largo camino de granito. Sería maravilloso que nos llegaran intactos, pero eso no puede ocurrir. Tenemos que aprender a vivir, vivir realmente... amar el viaje, no el destino>>.
Nos pasamos por la vida sin mirar, y cuando miramos, lo hacemos siempre hacia el mismo sitio. Centramos nuestra atención en las mismas cosas. Siempre metidos en nuestra rutina cotidiana. Y mientras tanto nos perdemos todo lo demas... Hay veces que los árboles no te dejan ver el bosque, pero si lo encuentras, solo tienes que elegir cuál camino escoger, su nombre, DESTINO.
miércoles, 30 de mayo de 2012
jueves, 24 de mayo de 2012
UNA MOCHILA PARA EL UNIVERSO
Si a lo largo del día te pasa una cosa mala, tres buenas y cinco neutras, que es la media normal, cuando te vas a la cama piensas en la mala.
Elsa Punset ha publicado el 22 de mayo, el libro Una mochila para el universo, una guía práctica aplicada a la vida cotidiana para aprender a entender y gestionar las emociones, a lo que los estudiosos, basándose en los últimos avances de la neurociencia, dan cada vez más importancia para aumentar nuestro nivel de felicidad.
¿De qué sirve llorar? ¿Qué podemos hacer para cambiar nuestra suerte? ¿Tiene algún propósito el enamoramiento? ¿Y por qué es tan inevitable el desamor? ¿Cómo aprendemos a tener miedo? ¿Por qué sentimos envidia? ¿Cuántos amigos necesitamos para ser felices? ¿Podemos evitar estresarnos sin necesidad? Y, más allá de las mil dietas milagrosas, ¿existen trucos emocionales para adelgazar?
A éstas y muchas otras preguntas, trascendentales y cotidianas, responde Elsa Punset en este libro, concebido como una «pequeña guía de rutas variadas» que transitan por la geografía de las emociones humanas con el propósito de hacernos más fácil comprender lo que nos rodea, reconocer la importancia de nuestras relaciones con los demás, descubrir que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa, encontrar formas eficaces de comunicarnos, gestionar la relación entre el cuerpo y la mente, potenciar el caudal de alegría que encerramos, organizarnos para lograr fijar y cumplir nuestras metas y ayudar al cerebro humano a contrarrestar su tendencia innata «a la supervivencia miedosa y desconfiada».
Porque, como señala Elsa Punset con palabras transparentes y sencillas, para transformar nuestras vidas y nuestras relaciones «no necesitamos tanto como creemos: en una mochila ligera cabe lo que nos ayuda a comprender y a gestionar la realidad que nos rodea».
Elsa Punset ha publicado el 22 de mayo, el libro Una mochila para el universo, una guía práctica aplicada a la vida cotidiana para aprender a entender y gestionar las emociones, a lo que los estudiosos, basándose en los últimos avances de la neurociencia, dan cada vez más importancia para aumentar nuestro nivel de felicidad.
¿De qué sirve llorar? ¿Qué podemos hacer para cambiar nuestra suerte? ¿Tiene algún propósito el enamoramiento? ¿Y por qué es tan inevitable el desamor? ¿Cómo aprendemos a tener miedo? ¿Por qué sentimos envidia? ¿Cuántos amigos necesitamos para ser felices? ¿Podemos evitar estresarnos sin necesidad? Y, más allá de las mil dietas milagrosas, ¿existen trucos emocionales para adelgazar?
A éstas y muchas otras preguntas, trascendentales y cotidianas, responde Elsa Punset en este libro, concebido como una «pequeña guía de rutas variadas» que transitan por la geografía de las emociones humanas con el propósito de hacernos más fácil comprender lo que nos rodea, reconocer la importancia de nuestras relaciones con los demás, descubrir que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa, encontrar formas eficaces de comunicarnos, gestionar la relación entre el cuerpo y la mente, potenciar el caudal de alegría que encerramos, organizarnos para lograr fijar y cumplir nuestras metas y ayudar al cerebro humano a contrarrestar su tendencia innata «a la supervivencia miedosa y desconfiada».
Porque, como señala Elsa Punset con palabras transparentes y sencillas, para transformar nuestras vidas y nuestras relaciones «no necesitamos tanto como creemos: en una mochila ligera cabe lo que nos ayuda a comprender y a gestionar la realidad que nos rodea».
miércoles, 16 de mayo de 2012
CONECTAR CON EL PLANETA
La tierra es mucho más asombrosa de lo que pensábamos. La hipótesis Gaia, que comprende el planeta que nos acoge como un sistema interconectado y con vida propia, hace que nos cuestionemos nuestro lugar y nuestra responsabilidad en el mundo. Así, conectar con el planeta se conviete en una parte fundamental de la transformación humana.
En una famosa carta, san Bernardo de Claraval escribía: "Créeme, he descubierto que encontrarás mucho más en los bosques que en los libros. Los árboles y las piedras te enseñarán lo que nunca aprenderías de ningún maestro". Somos parte de una red compleja y sutil que incluye todas las formas de vida del planeta, una red que no hemos tejido y que no podemos entender plenamente, su magia desborda nuestra comprensión.
Un aire fresco y renovador inunda nuestro pequeño mundo individual cuando nos abrimos a la red de la vida que nos rodea. Podemos hacerlo adentrándonos en un bosque, abarcando con la mirada la amplitud del horizonte, viendo un cielo en cada flor y un mundo en cada grano de arena o contemplando desde la costa cómo las aguas transforman la luz del sol en destellos de diamante... sintiendo cómo el planeta nos sostiene desde el suelo, nos abraza desde los puntos cardinales y nos cubre con el manto de la atmósfera.
Durante milenios, nuestros antepasados sintieron que el conjunto del planeta era algo vivo; la Madre Tierra, la Pachamama. Leonardo de Vinci, que no solo fue un genio del arte sino también de la ciencia, vio importantes analogías entre el cuerpo del planeta y el organismo humano. Leonardo señaló que el agua que circula en múltiples ciclos por el planeta equivale a la sangre que circula por nuestras venas, que las rocas son los huesos del planeta. que el suelo que pisamos es su carne y que el ritmo de las mareas oceánicas equivale al ritmo de nuestra respiración. En los últimos siglos la ciencia aparcó estas ideas e intentó explicar el mundo como una gran máquina, compuesta de alementos separados e inertes y regida por leyes matemáticas. Pero a menudo sentimos que las fórmulas y explicaciones académicas solo dan cuenta de una pequeña parte de lo que encontramos en bosques, montes, ríos y mares.
Conectar con el planeta es esencial para la transformación que nos pide nuestro tiempo. Y al conectar con el planeta, conectamos con nosotros mismos: descubrimos que no acabamos en nuestra piel, nos abrimos a una realidad más amplia, encontramos un yo má profundo y sabio.
Cada uno es un microcosmos en resonancia con el conjunto de lo que existe. tu cuerpo y tu mente son microcosmos de la tierra y del universo. Y, por ello, cuidar de la tierra es cuidar de nosotros mismos.
Jordi Pigem (autor de Valores para un mundo en transformación)
En una famosa carta, san Bernardo de Claraval escribía: "Créeme, he descubierto que encontrarás mucho más en los bosques que en los libros. Los árboles y las piedras te enseñarán lo que nunca aprenderías de ningún maestro". Somos parte de una red compleja y sutil que incluye todas las formas de vida del planeta, una red que no hemos tejido y que no podemos entender plenamente, su magia desborda nuestra comprensión.
Un aire fresco y renovador inunda nuestro pequeño mundo individual cuando nos abrimos a la red de la vida que nos rodea. Podemos hacerlo adentrándonos en un bosque, abarcando con la mirada la amplitud del horizonte, viendo un cielo en cada flor y un mundo en cada grano de arena o contemplando desde la costa cómo las aguas transforman la luz del sol en destellos de diamante... sintiendo cómo el planeta nos sostiene desde el suelo, nos abraza desde los puntos cardinales y nos cubre con el manto de la atmósfera.
Durante milenios, nuestros antepasados sintieron que el conjunto del planeta era algo vivo; la Madre Tierra, la Pachamama. Leonardo de Vinci, que no solo fue un genio del arte sino también de la ciencia, vio importantes analogías entre el cuerpo del planeta y el organismo humano. Leonardo señaló que el agua que circula en múltiples ciclos por el planeta equivale a la sangre que circula por nuestras venas, que las rocas son los huesos del planeta. que el suelo que pisamos es su carne y que el ritmo de las mareas oceánicas equivale al ritmo de nuestra respiración. En los últimos siglos la ciencia aparcó estas ideas e intentó explicar el mundo como una gran máquina, compuesta de alementos separados e inertes y regida por leyes matemáticas. Pero a menudo sentimos que las fórmulas y explicaciones académicas solo dan cuenta de una pequeña parte de lo que encontramos en bosques, montes, ríos y mares.
Conectar con el planeta es esencial para la transformación que nos pide nuestro tiempo. Y al conectar con el planeta, conectamos con nosotros mismos: descubrimos que no acabamos en nuestra piel, nos abrimos a una realidad más amplia, encontramos un yo má profundo y sabio.
Cada uno es un microcosmos en resonancia con el conjunto de lo que existe. tu cuerpo y tu mente son microcosmos de la tierra y del universo. Y, por ello, cuidar de la tierra es cuidar de nosotros mismos.
Jordi Pigem (autor de Valores para un mundo en transformación)
jueves, 10 de mayo de 2012
EL PARAÍSO INTERIOR
EN LOS CÍRCULOS BUDISTAS se suele decir que la persona neurótica tiene la mente de un mono loco, que va corriendo y saltado de rama en rama para no llegar a ningún sitio ni acertar a conseguir nada. Del mismo modo, cuando sufrimos psicológicamente, no cesamos de buscar la solución a nuestra infelicidad aquí y allá, y no la encontramos en ningún sitio.
LA VERDADERA SOLUCIÓN es detenerse para darse cuenta de que ya lo tenemos todo. No hay que buscar más, ni en el presente, ni -mucho menos- en el pasado. Cualquier tiempo pasado no fue mejor; eso es solo una ficción. Nuestro presente ya basta para disfrutar plenamente de la vida, y el futuro podría ser tan bueno o mejor si nos amueblamos bien la mente, si dejamos de quejarnos y nos ponemos a valorar positivamente lo que poseemos.
El bienestar habita en nuestra mente, en la menera de afrontar el presente, y no en lo que podamos lograr o acumular.
Rafael Santandreu (autor de El arte de no amargarse la vida: las claves del cambio psicológico)
viernes, 4 de mayo de 2012
EL ARTE DE DESACELERAR
Nos esforzamos por estar activos en todo momento; sin embargo, el ocio puede ser una manera de "hacer" mucho más saludable. Descansar, contemplar, soñar despiertos... aumenta el bienestar de cuerpo y mente, genera nuevas ideas y ayuda a "fluir" con la vida.
¿No tiene la sensación de que la vida se le está escurriendo permanentemente entre los dedos? Padecemos una sobrecarga de estímulos, tenemos la sensación de estar sometidos a una permanente exigencia... y, sin embargo, ansiamos transmisores de datos más rápidos, móviles con más prestaciones; estamos conectados a Internert a todas horas, siempre disponibles...
y tenemos miedo de perdernos algo, de quedar "descolgados", como si nuestro tiempo cada vez escaseara más, y soñamos con un momento de relax... Pero, al mismo tiempo, no hay nada que temamos más que la inactividad y el aburrimiento
Necesitamos un cambio de rumbo, desandar el camino de la aceleración y recuperar la calma. Pero para encontrar la fuerza suficiente, nos urge precisamente eso de lo que más carecemos: ocio para desarrollar nuevas ideas y tiempo para revisar nuestros arraigados modos de conducta. Los estados propicios al ocio -dormir, meditar o simplemente mirar por una ventana- no son en modo alguno tiempo perdido, sino que fomentan nuestro bienestar, la creatividad e, incluso, el rendimiento. Y resistirse al enorme flujo de información y comunicación actual y a estar en disposición permanente no es descolgarse del mundo, sino ganar tiempo y fortalecer lo que necesitamos con más urgencia: fuerza de voluntad para elegir.

El tiempo del ocio es un tiempo para hacer algo exclusivamente por nosotros mismos. Lo que significa esto nos lo enseña a la perfección cualquier niño que está jugando: se halla tan sumido en su actividad que se olvida completamente del tiempo y no se plantea nunca si el juego le va a conceder algo.
Ulrich Schnabel (es autor de Ocio. La felicidad de no hacer nada).
martes, 24 de abril de 2012
FÉRTILES ANHELOS, VALIENTE CORAJE
La vida es maravillosa si no se le tiene miedo. Charles Chaplin.
A menudo escuchamos que los valientes, los que se arriesgan, los que se la juegan y apuestan por una vida distinta, por crear nuevas circunstancias cuya construcción se prevé difícil, incluso imposible, son unos locos. Pero quizás el coraje no tenga nada que ver con la locura. Probablemente el coraje más que la ausencia de miedo es la consciencia de que hay algo por lo que merece la pena que nos arriesguemos.El coraje es fuerza al serviciao del amor y de la consciencia. El coraje nos mueve porque creemos que aquello que queremos crear, cambiar, construir, tiene sentido. Tiene tanto sentido que nos puede llevar a superar nuestros miedos, a enfrentar dragones internos y externos y partir en un viaje del cual regresaremos completamente transformados, bien perque hayamos logrado encarnar el anhelo que nos llevó a partir, bien porque tras la aparente derrota habremos aprendido algo nuevo que nos llevará a los demás y a nosotros mismos. Sea como sea, habremos crecido en el viaje interior, si somos capaces de hacer alquimia del dolor o de no dejarnos enloquecer por el éxito o la realización si hemos sido bendecidos por éstos.
Nuestros anhelos y nuestro coraje van a ir siempre de la mano. El anhelo nos invita a crecer y el coraje nos hace crecer. El primero es semilla, es potencia, es idea; el segundo es acción, transformación, realidad, Y en ese baile, el desarrollo en lo espiritual y en lo real que nos proporciona el coraje, alimenta nuevos anhelos en una espiral cada cada vez menos densa y más sutil. La danza de nuestros anhelos y nuestro coraje es la que transforma nuestra vida y la de los que nos rodean. Es esa extraordinaria danza la que hace que las utopías del pasado sean realidades hoy, y que nuestras utopías de hoy, quizás, sean las realidades de mañana.
Álex Rovira
El miedo hace que se produzca lo que se teme. Viktor Frankl.
jueves, 19 de abril de 2012
NO ES PARA TANTO
Insistir en que no es para tanto equivale a no reconocer cómo se siente el otro. Tratar de entenderlo y ofrecerle una disculpa, en lugar de justificarnos, contribuirá a resolver el conflicto.
Si debes hacerme un reproche... no pienses en lo que es normal o no decir. O en lo que a ti te sentaría bien o mal. Piensa en lo que yo esto preparado para recibir....no tomes mi seguridad o mi fragilidad como una característica fija. En determinadas circunstancias, puedo ser má vulnerable...fíjate en mi reacción. En mi cara encontrarás todos los signos para saber hasta dónde puedes llegar.Si tu reproche me duele...no te justifiques. No intentes racionalizar lo que se puede decir o no. Yo no puedo evitar que tu reproche me haya afectado...cambia el "no es para tanto" por el "no quería hacerte daño". Solo una disculpa sincera nos acercará y nos ayudará a recuperar la confianza...busca el diálogo e intenta comprender mis circunstancias. Si siento que me entiendes no dudaré en zanjar el conflicto.
Ferran Ramon-Cortés
domingo, 15 de abril de 2012
OLER PARA RECORDAR
La agradable fragancia y olores que nos deja la lluvia cuando cae después de un periodo relativamente largo, caluroso y seco es una experiencia inolvidable, refrescante y relajante.
Quién no ha revivido emociones y situaciones de la temprana infancia al abrir un viejo baúl y recibir el impacto oloroso de los viejos juguetes, los vestidos y otros objetos? Los olores evocan mejor que cualquier otro sentido memorias de la infancia, particularmente de los diez primeros años de vida.El sentido del olfato evoca emociones de forma poderosa. Debido a nuesta fisiología cerebral, un determinado olor puede trasladarnos al pasado en menos de un segundo para recordarnos ciertas situaciones que han sido relevantes en nuestra vida. Las razones de tan estrecha relación entre el olfato y la memoria debemos buscarlas en nuestra historia evolutiva.
Más que cualquier otro sentido, el olfato nos devuelve al pasado creando de un modo muy vivo la sensación de "estar allí", de revivirlo intensamente y aunque muchas veces lo infravaloremos, seguimos utilizando nuestro sentido del olfato y valiéndonos de él, a menudo inconscientemente, para recordar cosas que han sido y son importantes en nuestra vida.
Ignacio Morgado "Acaba de publicar Cómo percibimos el mundo: una exploración de la mente y los sentidos.
miércoles, 11 de abril de 2012
HUMANA RESPONSABILIDAD
La vida, nuestra vida, se crea a través de las respuestas que le damos al conjunto de circunstancias que nos toca vivir. La vida es una elección permanente.
La habilidad en dar esas respuestas, la "responsabilidad", determina en buena manera no sólo el desenlace de los lances cotidianos, sino el devenir, nuestro futuro, nuestro destino.
La responsabilidad nos ofrece un gran don: el de no resignarnos. El de pensar y sentir, momento a momento, cúál es la respuesta que nos está solicitando la vida.
Frente a la crisis, el dolor, el revés, la infamia, la injusticia, la desesperación o la pérdida, tenemos el bálsamo de la ternura, la paciencia, la voluntad de sentido, la entrega, la gratitud, la generosidad, el coraje, el propósito y otras tantas actitudes que nosotros podemos elegir responsablemente para seguir andando y construir la calidad.
¿Qué podemos hacer entonces para cambir el mundo, nuestro mundo, aquí y ahora? Ser responsables, simplemente. Y aderezar esa responsabilidad con unas buenas dosis de alegría, buen humor y amor. El paraíso, entonces, estaría en la tierra.
Álex Rovira
Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo. León Tolstoi.
lunes, 2 de abril de 2012
MANEJAR LA CULPABILIDAD
La culpabilidad es una emoción con un fuerte componente social, pues permite que nos demos cuenta de cuándo hemos causado daño al prójimo. Un exceso de ella, sin embargo,es signo de una autestima débil. Hallar el equilibrio entre la utilidad y la perversión de este estado de ánimo requiere acogerlo, observarlo, valorar lo sucedido y ofrecer una reparación cuando sea oportuno.
El otro dia tuve una pesadilla: vivía en una ciudad en la que nadie sentia culpa.¡Era un infierno! En el metro, todos me empujaban o me pisaban sin excusarse, sin parecer siquiera turbados. Mis seres queridos me hacían críticas sin guardar las formas, y se sorprendían de que esto me apenara, Todos mentían, agredían, hacía trampas, robaban, sin sentirse mal. Nadie reflexionaba sobre el daño que causaba, nadie se sentía obligado a reparar sus errores o sus malas acciones...Al despertar, me sentí aliviado por haber vuelto a un mundo en que el sentimiento de culpabilidad existía...
Es raro desear que sufran los demás, pero es bastante frecuente que podamos hacerlo: la culpabilidad nos ayuda entonces a tomar conciencia de ello y ajustar progresivamente nuestro comportamiento a la sensibilidad de los demás. Podemos decir, así que la culpabilidad nos ayuda a mejorar como seres sociales. En efecto, a un nivel interpersonal, la culpabilidad nos induce a tener comportamientos de reparación: a excusarnos, pedir perdón, consolar... Por eso, sin culpabilidad, nuestro mundo sería insoportable: imaginemos una sociedad en la que nadie reflexionara sobre sus actos, ni quisiera mejorar, ni pidiera nunca perdón.
Así pues, las tres etapas para afontar la culpabilidad son: tomar conciencia de ella, aclararla y, finalmente, decidir qué hacer.La culpabilidad es, en el fondo, un excelente ejemplo de cómo los estados de ánimo dolorosos pueden iluminarnos: ya sea sobre nuestros comportamientos, ya sea sobre quines nos rodean o sobre las presiones que nos impone la sociedad. Continuemos, pues, culpabilizandonos. Pero siempre con lucidez.
Christophe André
El otro dia tuve una pesadilla: vivía en una ciudad en la que nadie sentia culpa.¡Era un infierno! En el metro, todos me empujaban o me pisaban sin excusarse, sin parecer siquiera turbados. Mis seres queridos me hacían críticas sin guardar las formas, y se sorprendían de que esto me apenara, Todos mentían, agredían, hacía trampas, robaban, sin sentirse mal. Nadie reflexionaba sobre el daño que causaba, nadie se sentía obligado a reparar sus errores o sus malas acciones...Al despertar, me sentí aliviado por haber vuelto a un mundo en que el sentimiento de culpabilidad existía...
Es raro desear que sufran los demás, pero es bastante frecuente que podamos hacerlo: la culpabilidad nos ayuda entonces a tomar conciencia de ello y ajustar progresivamente nuestro comportamiento a la sensibilidad de los demás. Podemos decir, así que la culpabilidad nos ayuda a mejorar como seres sociales. En efecto, a un nivel interpersonal, la culpabilidad nos induce a tener comportamientos de reparación: a excusarnos, pedir perdón, consolar... Por eso, sin culpabilidad, nuestro mundo sería insoportable: imaginemos una sociedad en la que nadie reflexionara sobre sus actos, ni quisiera mejorar, ni pidiera nunca perdón.
Así pues, las tres etapas para afontar la culpabilidad son: tomar conciencia de ella, aclararla y, finalmente, decidir qué hacer.La culpabilidad es, en el fondo, un excelente ejemplo de cómo los estados de ánimo dolorosos pueden iluminarnos: ya sea sobre nuestros comportamientos, ya sea sobre quines nos rodean o sobre las presiones que nos impone la sociedad. Continuemos, pues, culpabilizandonos. Pero siempre con lucidez.
Christophe André
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