lunes, 10 de febrero de 2014

LA PÉRDIDA MÁS SENTIDA

La vida no solo nos da: también nos quita. Afrontar las pérdidas que depara, forma parte del proceso de convertirse en persona y nos hemana al resto de la humanidad.

No se puede crecer psíquicamente sentado en un jardín donde nos sirven manjares en una bandeja de plata. Se crece cuando se está enfermo o cuando hay que hacer frente a una pérdida dolorosa. Se crece si, en vez de esconder la cabeza en la arena, se acepta el sufrimiento intentando comprenderlo. Descubrir lo bueno en lo malo es una de las lecciones más provechosas.
"Todos los sufrimientos y pruebas, incluso las pérdidas más importantes, son como semillas que más tarde nos ayudarán a crecer, y esa es la única razón de nuestra existencia" (Elisabeth Kübler-Ross)