martes, 10 de junio de 2014

EL PASADO, ANCLA O RIQUEZA

Hay personas que viven la vida mirando siempre atrás, otras que miran hacia delante y otras que miran hacia el suelo. Hay personas que deciden volver a empezar, y eso está muy bien, pero no se puede empezar de cero: es un gran engaño.
De cero no se empieza. Pues te guste o no empezaste cuando naciste, y de eso, a no ser que me estés leyendo con tres meses de vida, ya hace demasiado tiempo.
El pasado puede ser una carga imposible de sobrellevar si lo tomas como el saco donde tiras todo aquello que no te gusta de ti o los acontecimientos de los que no estás satisfecho. Recuerda que en los sacos y en los trasteros dejamos todo aquello que nos estorba y nos molesta.
Recicla tu pasado: que no sea nunca el baúl desastre. Reconciliarte con él y convierte tu pasado en un tesoro de experiencias con conclusiones diferentes. Convierte tu pasado en tu apasionante historia. Llena de alegrías, de tristezas, de aventuras más o menos afortunadas, de carreras y de huidas, de amores y desamores... Haz de tu pasado un libro que explique con comprensión, con delicadeza y con amor la historia de una gran persona: tú.


jueves, 29 de mayo de 2014

CONFIANZA AL ACTUAR

Una valoración positiva construida desde el concepto que tenemos de nosotros y que nos lleva a actuar con confianza. Eso es la autoestima. Proponerse metas imposibles u obviar la perseverancia sustituyéndola por una especie de “fe en que podemos”. Ademas es  aceptarse incondicionalmente, afrontar las limitaciones y disfrutar de lo conseguido. Consiste en descubrir las cualidades positivas y aceptar los defectos, sentirse seguros con los demás y apreciar la existencia de personas que nos quieren y valoran.
Una buena autoestima nos lleva a actuar individual y correlativamente, disfrutando de nuestra actitud positiva, pero siendo capaces de tolerar la frustración si no conseguimos los resultados deseados. Es más feliz y tiene más éxito personal y social el que cree en sus capacidades, incluso aunque tenga menos habilidades que el que afronta las situaciones sin fe en sí mismo. Implica buscar logros poniendo los recurso necesarios, formándonos y esforzándonos sin dejar de querernos cuando no alcanzamos el objetivo. Pues fracasar también es una experiencia necesaria para conocer las limitaciones o para aprender a levantarse de nuevo.
José Ángel Paniego y Beatriz Gómez

domingo, 18 de mayo de 2014

ELEGIR UN CAMINO

Asumir el riesgo puede liberar y abrir a nuevas posibilidades.
La duda puede ser como un farolillo que ilumina los pasadizos del alma: invita a detenerse y a preguntarse por aquel que mejor conduce hacia lo que se desea. Sin embargo, querer hallar certezas que ayuden a a avanzar en la dirección correcta puede hacer que las dudas, en lugar de iluminar, prendan tanto que cieguen e impidan ver el camino.
“Quien para ir a rezar duda entre dos mezquitas, terminará por quedarse sin rezar”, dice un proverbio turco. Elegir un camino implica abandonar otros posibles, acotar y apostar, Cuando uno decide porque en su interior sabe que ese es el camino, se siente fuerte y tranquilo para afrontar los primero pasos. A veces, ante una disyuntiva o situación difícil, basta con darse tiempo para averiguar lo que se siente y llegar a ese punto.
Ahora bien, cuando las dudas no se disipan es fácil convencerse de que se podría aplazar la decisión indefinidamente. Se le da vueltas a más y más datos o argumentos con la esperanza de lograr una seguridad acaso imposible de obtener. Mientra tanto, no elegir es también una elección, pero una elección inconsciente en la que el día a día parece estancarse. En ese caso tal vez quepa preguntarse qué riesgo se teme asumir o a qué preocupa renunciar. Ni se da la oportunidad a un cambio ni se disfruta del camino por el que se está transitando.
Decidir es comprometerse con uno mismo a dar un paso adelante, y salir del buche mental en que sume la duda cambiando el foco de atención. Es abrirse a nuevas posibilidades y permitirse actuar. Y, por qué no, equivocarse. A veces no se puede saber si una decisión es la acertada hasta que se toma y se explora el camino que se acaba de abrir.
Mayra Paterson

miércoles, 7 de mayo de 2014

CURARSE CON LA NATURALEZA

Somos naturaleza y por eso el contacto con ella es la mejor fuente de salud
El color, el olor, los sonidos, el tacto y el contacto con la tierra y con las plantas forman parte del equilibro, del disfrutar de la vida y de la salud. Y es que amar la naturaleza forma parte del amarse a uno mismo.
Hoy existe una nueva palabra médica, la biofilia, para referirse al contacto con la naturaleza como vía para recuperar la salud, La biofilia va unida al vis medicatrix naturae de la medicina naturista, pero no alude solo a la gran capacidad curativa del cuerpo: sirve par entender cómo se estimula esa capacidad en contacto con la naturaleza. Por ejemplo, la importancia de los bosques como terapia o de introducir el clima del bosque en el clima urbano.
El alejamiento de la naturaleza nos enferma. Vivir en estrecha relación con ella nos permite desarrollarnos con verdadero bienestar. En su ausencia aumentan el estrés, la ansiedad, la falta de relaciones significativas con los demás y con el mundo. Conectarse o reconectarse con la naturaleza favorece la salud y las oportunidades profesionales, y actúa como lazo de unión para las familias y las comunidades : ayuda a sentirse completamente vivo.
Dr. Pablo Saz

lunes, 28 de abril de 2014

CELEBRAR LO COTIDIANO

Descubrir la magia del día a día depende más de nuestra forma de ver las cosas que de lo que sucede a nuestro alrededor. Cada instante encierra un tesoro.
A veces tenemos la sensación de que ocurren pocas cosas extraordinarias en la vida. Nos fijamos en los grandes acontecimientos- una boda, un largo viaje, el nacimiento de un hijo- y no apreciamos los regalos que, momento a momento, nos ofrece cada jornada.
En una de las escenas más recordadas de Alicia en el país de las maravillas, el Sombrerero Lóco celebra el ”día del no cumpleaños”. Es decir: cada fecha del calendario merece una fiesta, ya que la existencia se vive día día y nunca sabemos cuándo va a terminar.
Si tomamos conciencia de ello, estaremos en disposición de celebrar lo cotidiano.
Cabalgando a lomos de lo urgente, a menudo nos pasan inadvertidas las pequeñas maravillas que dan sentido a nuestros días. La magia de la vida se muestra a menudo en lo humilde y sutil. Como reza un viejo proverbio oriental: “estás aquí de paso, detente a mirar las flores”.

viernes, 11 de abril de 2014

ENCONTRAR NUESTRO SER VERDADERO

Las Neurociencias afirman que el cerebro necesita veintitrés centésimas de segundo para realizar las operaciones que preceden a la acción. Es el espacio de tiempo de la espontaneidad. Pasado un segundo, cualquier acción en respuesta a una estimulación no merece el calificativo de espontánea. Solo durante veintitrés centésimas no podemos recurrir al pensamiento. Entonces, ¿de dónde procede un acto que surge antes de ese lapso de tiempo? En ese lapso extremadamente corto, pasamos a la acción, es una manifestación del inconsciente. Una reacción inmediata emergiendo de un fondo, que en parte, permanece oculto para nosotros. Esto quiere decir que la espontaneidad nos muestra en profundidad aquello que somos y nos permite conocer mejor las partes más íntimas de nuestro ser.

A esta velocidad, nuestros filtros y limites, las creencias, la moral... no tienen tiempo de manifestarse y, por esta razón, ese momento es tan importante en el zen: lo que emerge en ese instante es el ser en toda su desnudez, en toda su verdad. El ser auténtico, no filtrado, el que tratamos de controlar, de encajar en un modelo social.
De forma natural, tendemos a comparar estas dos maneras de actuar y a preferir la espontánea. Y, suavemente empezaremos a derivar hacia una acción más inmediata, más rica. Sorprendente para nosotros y para los demás. Tendremos la impresión de volver a la naturalidad de la infancia, a esa frescura renovada y maravillosa. Descubriremos una libertad que emerge de nuestras zonas más profundas y exprese, con la mayor exactitud, lo que somos realmente: eso que los maestros zen denominan un “ser verdadero”.
Daniel Odier

sábado, 29 de marzo de 2014

AMOR A LA TIERRA

Vemos la Tierra como un objeto inanimado porque nos hemos alejado de ella. Y también nos hemos alejado de nuestro cuerpo. Son muchas las horas del día que pasamos sin ser conscientes de él. Estamos tan atrapados en nuestro trabajo y nuestros problemas que nos hemos olvidado de que somos algo más que nuestra mente. Muchas enfermedades se derivan, precisamente de ese olvido.

Y también nos hemos olvidado de que la Tierra forma parte de nosotros y de que nosotros formamos parte de ella. Eso influye en cómo la tratamos.
Cuando veamos a nuestro cuerpo como un milagro, veremos también a la Tierra como un milagro y empezaremos a cuidar su cuerpo. El cosmos resplandeciente y elegante que vemos es, de hecho, nuestra propia consciencia y no algo ajeno a ella.

viernes, 21 de marzo de 2014

EL AMOR A LOS PADRES

"Los niños empiezan queriendo a sus padres; cuando crecen los juzgan; a veces, los perdonan" dice Oscar Eilde en una de sus obras. Hay personas que lo hacen pronto, incluso de forma inconsciente, acaso porque han tenido una buena relación y asumen el vínculo con naturalidad; otras necesitan más tiempo, tal vez ayuda o el revulsivo de un acontecimiento que transforme su mirada.

Nuestros padres forman parte de lo que somos. Podemos desear cambiarlos o que hubieran sido diferentes, pero es en la aceptación del vínculo que se tiene con ellos y de que son como son donde reside la posibilidad de asumir y agradecer esa vida que nos han dado, con todas sus consecuencias. Puede que, a su vez, la vida nos obsequie así con un atisbo más certero de quiénes somosy de quiénes son realmente nuestros padres.

lunes, 17 de marzo de 2014

EL PODER DEL SILENCIO

¿Qué buscamos cuando madrugamos para llegar a un sitio a contemplar el amanecer? ¿De qué hablamos cuando decimos que necesitamos un buen rato en la bañera para desconectar? ¿Qué mensaje escarbamos cuando nos desplazamos a lugares remotos y frios a vivir una aurora boreal? Tal vez no nos demos cuenta de que estamos a la búsqueda del silencio. Necesitamos recuperar el diálogo con nosotros mismos, que es lo que el ruido nos ha arrebatado. El silencio dilata el tiempo, así que con las interferencia auditivas también perdemos ritmo de vida.
Podemos ejercitar el silencio. De la misma manera que consideramos que el entendimiento con nuestra pareja o amigos es óptimo cuando los silencios son cómodos y no violentos, podemos buscar ratos de silencio para nosotros mismos. Entrenarlo de la misma manera que animamos a nuestros músculos a trabajar, o a nuestro cerebro a recordar conocimientos adquiridos. En un mundo presidido por el ruido.. podemos "citarnos" con el silencio una o varias veces a la semana, hacerlo como quien va al gimnasio y no dejarnos vencer por la pereza de combatir el estruendo que nos envuelve.

viernes, 7 de marzo de 2014

LOS LIMITES DE LA PRUDENCIA

Otra cara del miedo es la que nos lleva a vivir la vida con cierta prudencia. Temer algo o a alguien puede ayudarnos a sobrevivir en una situación de peligro o una experiencia estresante. A lo largo de la historia, el miedo ha sido un arma de defensa que ha permitido al ser humano desarrollar habilidades extraordinarias para adaptarse a entornos difíciles y salvaguardarse de los peligros y las incertidumbres, lo que ha contribuido a la supervivencia de la especie.

La experiencia nos enséña que la prudencia, la duda o el miedo no tienen por qué ser malas compañías; condición es que no nos paralicen o nos hagan sufrir demasiado.

En ocasiones es importante ser comedido y mantener cierto recelo a fin de poder ocuparse de lo que puede ser importante para nosotros en cada momento.

Cuando evitamos totamente aquello que tememos, tratando de borrarlo incluso del pensamiento, es cuando alimentamos el miedo y lo podemos convertir en un monstruo desmedido. El miedo no desaparece por el mero hecho de que no pensemos en él o procuremos distraernos con otra cosa. La evitación nos protege temporalmente de la angustia que sentimos, pero perpetúa a nuestro temor y afecta a la percepción que tenemos de nosotros mismos.
Bet Font y Victor Amat