lunes, 31 de enero de 2011

SERENARSE ANTE LA INQUIETUD

La inquietud, ese estado de ánimo que tan a menudo nos invade y nos atormenta, es fruto de la incapacidad para admitir que en la vida hay situaciones que no podemos controlar. 
No podemos eliminar todos los peligros inherentes al hecho de vivir, pero sí podemos aumentar nuestra tolerancia frente a la incertidumbre y hacer que los problemas sean más llevaderos.
"Nadie se inquieta tanto como yo, y acerca de todo. Pues cualquier cosa es un pretexto para el tormento. Y no puedo evitarlo." (Así describía el filósofo Emil Cioran en sus Cuadernos los momentos de inquitud que padecía.

En un principio, la inquitud es una función psicológica útil que nos ayuda a estar alerta. Un animal inquieto vigila de dónde viene un ruido inhabitual, se pregunta qué hay detrás de ese matorral que se mueve... Así aumentan sus posibilidades de sobrevivir en un entorno hostil. Sin embargo, inquietarse demasiado en entornos que no son adversos es, siempre, una fuente de sufrimiento.
Es verdad que el mundo es peligroso, sobre todo en ciertos momentos y en ciertos lugares, pero querer tomar todas las precauciones posible es agotador e imposible. Es verdad que tener cuidado aumenta nuestras posibilidades de supervivencia, pero es inútil convertirlo en una obsesión que alteraría nuestra calidad de vida y nos encerraría en la jaula de la sobreprotección.
Algunos estudios recientes han mostrado que nuestras tendencias a la inquietud representan una forma de intolerancia a la incertidumbre. Puesto que nuestra existencia no está absolutamente protegida, nos sentimos en peligro y empezamos a inquietarnos. Tenemos ganas de tener el control y tomamos un montón de precauciones. Intentamos disminuir nuestra intolerancia disminuyendo la parte de indertidumbre de nuestas vidas. Nuestra sociedad moderna tiende, por lo demás, a hacernos aumentar esta tendencia (y por eso nos venden continuamente seguros, garantías y otras promesas para una vida sin problemas).
 



No obstante, llega un momento en que esas estrategias de control se revelan agotadoras e inútiles. No podremos abolir jamás la incertidumbre del futuro: ¿Qué me ocurrirá mañana? ¿Mi pareja dejará de quererme? ¿La Tierra será alcanzada por un meteorito? Además de los esfuerzos de anticipación-útiles cuando son realistas y limitados temporalmente-, es necesario trabajar otra estrategia: aumentar nuestra tolerancia a la frustración. Aceptemos la posibilidad del drama. Tratemos de vivir felices pese a todo -esto es sensatez-, en lugar de no vivir por culpa de ello -esto es ansiedad-. La inquitud no solo no nos ayuda a afrontar mejor las cosas sino que duplica nuestro sufrimiento.
(En la vida todos tenemos problemas. Si te procupas demasiado, los duplicarás. No te preocupes tanto. Se feliz).
Christophe André (medico psiquiatra). Su último libro es Los estados de ánimo. El aprendizaje de la serenidad (kairós)